Este es mi único propósito, el afán que llena mis días.
No soy sabio, ni poderoso, ni importante...; soy un hombres normal y corriente que intento responder con fe y generosidad a la llamada de mi Señor.
Intento que no me sorprenda y desanime mi flaqueza, ni la desproporción entre mis condiciones y la tarea que me pones por delante.
Se que Tu siempre das el incremento, suples mis carencias y limitaciones; y sólo me pides mi buena voluntad y la pequeña ayuda que pueden darte mis manos.
Mi fuerza está en la recepción de los sacramentos y en mi vida de oración, en el trato íntimo y profundo contigo, en el que busco mi santidad personal que ha de ser alegre, atractiva, que arrastre a otros a tu encuentro.
Se que mi esfuerzo por crecer en la santidad, en el amor a Ti y a todos los hombres por Ti me asegura la fidelidad y, por tanto, la alegría, el amor y una vida llena de sentido.
Quiero correr hacia la meta, para alcanzar el premio al que me llamas desde lo alto. Quiero luchar con todas mis fuerzas y buscarte, para amarte y para servirte.
Se que no desaparecerán mis defectos, pero día a día creceré en una amistad creciente, y seré fiel cada jornada.
Así llegaré hasta la meta, donde Tu me esperas.
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