viernes, 23 de enero de 2015

Tu me has elegido y yo quiero llegar a la meta

Este es mi único propósito,  el afán que llena mis días.

No soy sabio, ni poderoso, ni importante...; soy un hombres normal y corriente que intento responder con fe y generosidad a la llamada de mi Señor.

Intento que no me sorprenda y desanime mi flaqueza, ni la desproporción entre mis condiciones y la tarea que me pones por delante.

Se que Tu siempre das el incremento, suples mis carencias y limitaciones; y sólo me pides mi buena voluntad y la pequeña ayuda que pueden darte mis manos.

Mi fuerza está en la recepción de los sacramentos y en mi vida de oración, en el trato íntimo y profundo contigo, en el que busco mi santidad personal que ha de ser alegre, atractiva, que arrastre a otros a tu encuentro.

Se que mi esfuerzo por crecer en la santidad, en el amor a Ti y a todos los hombres por Ti me asegura la fidelidad y, por tanto, la alegría, el amor y una vida llena de sentido.

Quiero correr hacia la meta, para alcanzar el premio al que me llamas desde lo alto. Quiero luchar con todas mis fuerzas y buscarte, para amarte y para servirte.

Se que no desaparecerán mis defectos, pero día a día creceré en una amistad creciente, y seré fiel cada jornada.

Así llegaré hasta la meta, donde Tu me esperas.

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