Quiero aprender a convivir con todos, por encima de sus defectos, ideas y modos de ser.
Quiero aprender a ser una persona abierta, con capacidad de amistad, dispuesto siempre a comprender y a disculpar.
No puedo estar encerrado en mí mismo, despreocupado y ajeno a lo que pasa a mi alrededor.
Y esto en primer lugar en mi casa; con mi mujer y mis hijas.
Quiero hacer la vida más grata a quienes veo todos los días, hacer amable la vida cotidiana de los que están a mi alrededor.
No quiero ser egoísta, con gesto destemplado y malhumor, mal educado y desordenado, vivir sin tener en cuenta los gustos, preocupaciones e intereses de los demás.
Quiero aprender a tener una actitud firme y estable, sabiendo disentir -cuando sea preciso- de los demás, con caridad, sin hacerme antipático; teniendo con todos el mayor respeto y las mejores muestras de atención.
Quiero tener un corazón grande y no detenerme en los defectos y deficiencias de las personas que se me acercan.
Quiero en definitiva, imitarte Señor, aunque a veces se me haga difícil.
Quiero ser benigno e indulgente, quiero tener gratitud con todos y ser cortes.
¡Qué formidable sería que pudieran llamarme AMIGO las personas con que trabajo, los padres y los alumnos del colegio! Esto indicaría que me esfuerzo por ser desinteresado, comprensivo, optimista, leal.
Pero mejor aún sería que mi mujer y mis hijas supieran lo que les quiero por mi forma de tratarles.
Quiero tener una personalidad atractiva: sereno, positivo en mis juicios, leal, equilibrado, ajeno a la crítica o a la polémica.
Que mi comportamiento y mis palabras trasparenten un amor desinteresado a Ti y un sincero deseo de servirte con todas mis fuerzas.
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