Por amor a Dios y al prójimo, por amor a la justicia, el cristiano deber ser justo también en el decir, en un mundo en que tanto se maltrata con las palabras.
Al hombre se le debe el buen nombre, el respeto, la consideración, la fama que ha merecido.
La calumnia, la maledicencia, la murmuración... constituyen grandes faltas de justicia con el prójimo; siendo el origen más frecuente de la difamación, de la crítica negativa, de la murmuración, la envidia.
Señor, enseñame a decir lo que conviene, a no pronunciar palabras vanas, a conocer el momento y la medida en el hablar, y saber decir lo necesario y dar la respuesta oportuna; a no conversar tumultuosamente y a no dejar caer como una granizada, por la impetuosidad en el hablar, las palabras que me salen al paso.
¡Qué evite los juicios negativos!
Señor quiero ver siempre, y en primer lugar, lo bueno, que es mucho, de quienes están conmigo.
Ayudame a defender la dignidad de cada persona, su derecho al silencio. A defender su decisión de ser uno mismo, de no exhibirse, de conservar en justa y pudorosa reserva sus alegrías, sus penas y dolores de familia.
Santa María, Asiento de la Sabiduría, llena a tus hijos, en su estudio, en su trabajo, en su convivencia, de la Verdad que Cristo nos ha traído.
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