sábado, 24 de enero de 2015

Toda nuestra vida tiene trascendencia divina

Estoy llamado a hacer la Iglesia dentro de mi. He de ser muy leal,  muy responsable.

He recibido un encargo divino. Doy gracias de todo corazón.

Mi lucha ha de ser positiva, llena de gozo. Tengo la herencia de sacar adelante este encargo divino. Señor, ¡que me deje llevar por la gracia!  ¡Que sea dócil!

Que sepa mirar a la Virgen, que me refugie en la Reina de la Paz. Ella tiene que estar muy metida en mi vida.

Mi camino (O.D.) es camino de santidad, camino de esperanza.

He de estar atento a la soberbia que a todos nos ataca y aprovechar la gracia de Dios.

Quieo Luchar contra todo lo que me separe de ti Señor. Quiero ser hombre de oración.  Dame el respeto,  el amor, la delicadeza que tuvo María para seguir lo que Dios le pedía.

Tengo la ilusión de gastarme por la Obra,  de construir y hacer el O. D. como lo hizo nP y que siendo muy fiel contribuir a traer la paz a mucha gente.

Siento el deber de ser muy leal, de luchar por ser cada día más hijo de Dios, más O.D.

Tu Señor me pides heroicidad, que me olvide de mi yo. Quiero ser buen instrumento, porque sobre mi recae el peso divino de cuidar la santidad de los demás, de cuidar la santidad de la Obra.

¡Cuantas cosas grandes dependen de mi,  de mi entrega!

Soy consciente de lo que estoy viviendo y no me conformo con la medianía. Creo que estoy llamado a cosas muy grandes, y no quiero condicionar los planes de Dios.

Que no me deje llevar por mis caprichos.

Quiero  servir a la Iglesia y a la Obra como quieren ser servidas.

Madre, ecce!

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