Jesús decía en una de sus parábolas que un amo entregó a sus criados: 10 talentos a uno, 5 talentos a otro, y 1 talento a un tercero. A todos según sus capacidades. Y todos tenían las aptitudes para conseguir que esos talentos den fruto.
Y sucedió que el amo regresó de su largo viaje, y preguntó qué había pasado con esos dones que les había concedido.
El primero se presentó y los había convertido en 20. El amo se alegró bastante y le regaló muchas propiedades. Igual pasó con el segundo, que había producido 10. Finalmente llamó al tercero, y resultó que este había escondido el talento. No se había preocupado de fructificarlo. ¿Por qué? Quizá por negligencia, por pereza, por miedo, o simplemente por negarse a trabajarlo y lograr que genere, al menos 1 talento más.
El amo se irritó y mandó a expulsarlo de su comarca, donde nunca más pudo entrar.
Así es nuestra vida. Hemos recibido muchas gracias de Dios, y no podemos ocultarlas. Tenemos que esforzarnos para que todos se beneficien de ellas, principalmente quienes conforman nuestro hogar: la esposa, el esposo, los hijos.
Nos toca revisar cuáles han sido los regalos que el Señor nos ha otorgado, y seguir multiplicándolos o, si nos hemos descuidado, comenzar hoy mismo por aumentarlos.
La vida es corta, aunque nuestra existencia dure algunos años más.
Y nos llamarán… y nos pedirán cuentas.
Administremos bien nuestros talentos
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