Tengo un Maestro y un Guía que no morirá nunca, que vive para siempre coronado de gloria.
Estás a mi lado, dándome continuamente la Vida a través de los sacramentos.
Eres el autor de la salvación y el principio de paz y de unidad salvadora.
Cuando la Iglesia es perseguida es Cristo el perseguido; cuando Cristo es amado son amados los miembros de su Cuerpo.
Por eso, se niega a Cristo cuando no se quiere ayudar a los fieles.
Todos nos necesitamos, todos nos podemos ayudar; nuestra oración, el ofrecimiento del trabajo, de las pequeñas incomodidades que traerá el día de hoy, pueden ayudar eficazmente a tantos hermanos que están en camino de la fe y a quienes, estando cerca, no tienen aún la plena comunión.
Esta eficaz ayuda que prestamos a otros me aliente a cumplir acabadamente los deberes más pequeños y a darles un sentido sobrenatural, presentándolos al Señor como una ofrenda.
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