Gracias por tu intercesión.
Gracias también por los sacramentos y por los ritos externos que has instituido: las bendiciones, el agua bendita...
Gracias por no haber transigido con el error en la doctrina de fe, con la verdad parcial o deformada.
Gracias por mantenerte siempre vigilante para mantener la fe en toda su pureza, y por enseñarla por el mundo entero.
Gracias por Tu fidelidad a la doctrina que enseñó mi Señor.
Gracias por el sacerdocio, por los sacramentos todos -y de modo muy particular por la Sagrada Eucaristía-, por la liturgia, por el tesoro de la fe que has guardado fielmente a lo largo de los siglos.
Deseo tener la actitud de un buen hijo.
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