jueves, 19 de febrero de 2015

Vía crucis del siglo XXI

Sin un verdadero espíritu de penitencia y de conversión sería imposible el trato contigo, y nos dominaría el pecado.

Rehuir la penitencia significaría también rehuir la santidad y quizá, por sus consecuencias, la misma salvación.

Quiero identificarme contigo y acepto Tu invitación a padecer junto a ti.

Sobre todo, los viernes de Cuaresma como hoy, que tienen un recuerdo especial del Viernes Santo en que consumaste la Redención.

Meditaré los acontecimientos de aquel día, que han quedado recogidos en la tradicional devoción del Vía Crucis. 

Estoy decidido a acompañarte en estos días, contemplando Tu Humanidad Santísima en las escenas del Vía Crucis: ver cómo voluntariamente recorres el camino del dolor por nosotros.


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