Son un ejemplo de amor y de firmeza en la fe, de valentía y de fecundidad.
El ejemplo del mártir me trae a la memoria que a la fe se debe un testimonio personal, preciso, y -si llega el caso- costoso, intrépido; y me recuerda que el mártir de Cristo no es un héroe extraño, sino que es para nosotros, es nuestro.
Enseña Santo Tomás que esta virtud se manifiesta en dos tipos de actos: acometer el bien sin detenerse ante las dificultades y peligros que pueda comportar, y resistir los males y dificultades de modo que no nos lleven a la tristeza.
En el primer caso valentía y audacia; en el segundo, paciencia y perseverancia.
Señor, que sepa superar los estados de ánimo, para evitar las quejas inútiles, para perseverar en el trabajo cuando comienza el cansancio, para sonreír cuando me encontre con menos facilidad de hacerlo, para corregir lo que sea necesario, para comenzar cada labor en su momento, para ser constante...
Que sepa también "ir tirando" de la gente, con paciencia y cariño. Que sepa conducirme cada día, al tratar a quienes me rodean, con mucha comprensión, con mucho cariño, junto con toda la energía necesaria.
Señor te entrego mi vida con ese heroísmo escondido que me pides, en el cumplimiento fiel del deber: en el trabajo, en la familia, en la lucha por ser siempre coherente con la fe cristiana, con un ejemplo que arrastre y estimule.
Se que necesitas almas recias y audaces, que no pacten con la mediocridad. Te lo ofrezco por todos los cristianos perseguidos de todos los tiempos, en especial por mis hermanos se Siria.
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