lunes, 16 de febrero de 2015

Apostolado del ejemplo

Señor, que me vean todos muy piadoso, muy enamorado de la Santísima Virgen, muy rezador: Dios lo espera de mi.

Quiero ser fiel a la doctrina de siempre de la Iglesia.

No quiero dejar la oración, la lectura y la meditación del Santo Evangelio, las pequeñas mortificaciones de cada día, ofrecidas a Dios y a la Santísima Virgen, nuestra Madre, con fervor y con perseverancia.

Quiero enseñar las verdades de siempre —lo que aprendí de mis padres, que son tan buenos—, que no puede cambiarse el depósito de la fe que Jesucristo nos ha confiado.

Imitando la vida de Cristo, que pasó haciendo el bien, confortando, sanando, enseñando, procurando hacer el bien allí donde esté.

Se que nuestro destino es eterno y sobrenatural, sólo en Jesucristo nos salvamos para siempre, y sólo en Él alcanzaremos ya de algún modo en esta vida la paz y la felicidad verdaderas.

Pido fervientemente al Señor que conserve al Romano Pontífice, que lo vivifique con su aliento divino, que lo haga santo y lo llene de sus dones, que lo proteja de modo especialísimo.

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