Me has llamado y aquí estoy. Estoy decidido a que no pase este tiempo de Cuaresma como pasa el agua sobre las piedras, sin dejar rastro. Me dejaré empapar, transformar; me convertiré, me dirigiré de nuevo a Ti, queriéndote como Tu deseas ser querido.
Quiero ser Tuyo, para tener mayor gracia para mi eficacia en la tierra y para alcanzar felicidad eterna.
Estoy decidido a seguir el camino de la entrega: la Cruz a cuestas, con una sonrisa en los labios, con una luz en mi alma.
Quiero prepararme con un examen hondo, y te pido ayuda Señor, para que pueda conocerte mejor y me conozca mejor a mi mismo.
Se que no hay otro camino, si hemos de convertirnos de nuevo. 
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